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viernes, 8 de junio de 2012

LA CONDESA DE CHINCHÓN




Esta hermosa imagen de la Condesa de Chinchón es una obra maestra del retrato dentro de la producción de Francisco de Goya. Representa a doña María Teresa de Borbón y Vallabriga, XV Condesa de Chinchón y Marquesa de Boadilla del Monte, a la cual el pintor retrató en diversas ocasiones.
Era hija del Infante don Luis Antonio de Borbón, hermano de Carlos III, quien, a raíz de su matrimonio morganático con Mª Teresa de Vallabriga, perdió para él y su familia todos los derechos propios de la familia real. Tuvo que vivir alejado de la Corte y a su muerte, ocurrida en 1785, sus hijos, María Teresa, María Luisa y Luis María, fueron separados de su madre por orden de Carlos III.
En el reinado de Carlos IV, éste decidió casar a María Teresa con Manuel Godoy, príncipe de la Paz y favorito de la reina María Luisa. Al aceptar esta propuesta, ella y su hermanos pudieron regresar a la Corte y se les restituyeron todos los privilegios que habían perdido. Su posición en palacio pasó a ser la más relevante tras la de la reina y sus hijas, y también resultó encumbrado Godoy, ya que así entró a formar parte de la familia real.
Se sabe que el retrato fue pintado en Madrid en 1800, a los tres años de la boda,  Goya retrata a María Teresa con veinte años de edad, cuando estaba esperando a Carlota, su primera y única hija. Aluden a su estado la postura de su cuerpo y el tocado de espigas de trigo, símbolo de fertilidad desde la antigüedad. La Condesa aparece sentada en un sillón con las manos entrelazadas, adornadas por un anillo con la imagen en miniatura de un caballero que ostenta la Orden de Carlos III, posiblemente Godoy.
Este exquisito retrato cortesano está interpretado por Goya con gran agudeza, ya que plasma admirablemente el gesto tímido y la delicadeza del modelo, sin duda desde el cariño que sentía por ella, a la que conocía desde su infancia. La Condesa aparece rodeada por un espacio neutro, en el que el pintor juega con los matices de las sombras, acentuando así la luminosidad de la imagen y su aspecto frágil e indefenso.
Tras la caída de Manuel Godoy el cuadro fue confinado con el resto de su colección en la Academia de San Fernando, hasta que en 1813 fue devuelto a su propietaria. En enero de 2000 fue adquirido por el Estado Español a los herederos directos de la Condesa, los Duques de Sueca, y pasó a formar parte de la colección del Museo del Prado.



lunes, 28 de noviembre de 2011

LA FAMILIA DE CARLOS IV

                                                        

La Familia de Carlos IV supone la culminación de todos los retratos pintados por Goya en esta época. Gracias a las cartas de la reina María Luisa de Parma a Godoy conocemos paso a paso la concepción del cuadro. La obra fue realizada en Aranjuez desde abril de 1800 y durante ese verano. En ella aparecen retratados, de izquierda a derecha, los siguientes personajes: Carlos María Isidro, hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma; el futuro Fernando VII, hijo primogénito de la real pareja; Goya pintando, como había hecho Velázquez en Las Meninas; Doña María Josefa, hermana de Carlos IV; un personaje desconocido que podría ser destinado a colocar el rostro de la futura esposa de Fernando cuando éste contrajera matrimonio, por lo que aparece con la cabeza vuelta; María Isabel, hija menor de los reyes; la reina María Luisa de Parma en el centro de la escena, como señal de poder ya que era ella la que llevaba las riendas del Estado a través de Godoy; Francisco de Paula de la mano de su madre, de él se decía que tenía un indecente parecido con Godoy; el rey Carlos IV, en posición avanzada respecto al grupo; tras el monarca vemos a su hermano, Don Antonio Pascual; Carlota Joaquina, la hija mayor de los reyes, sólo muestra la cabeza; cierra el grupo D. Luis de Parma; su esposa, María Luisa Josefina, hija también de Carlos IV; y el hijito de ambos, Carlos Luis, en brazos de su madre. Todos los hombres retratados portan la Orden de Carlos III y algunos también el Toisón de Oro, mientras que las damas visten a la moda Imperio y ostentan la banda de la Orden de María Luisa. Carlos IV también luce la insignia de las Órdenes Militares y de la Orden de Cristo de Portugal. Alrededor de esta obra existe mucha literatura ya que siempre se considera que Goya ha ridiculizado a los personajes regios. 
Resulta extraño pensar que nuestro pintor tuviera intención de poner en ridículo a la familia del monarca; incluso existen documentos en los que la reina comenta que están quedando todos muy propios y que ella estaba muy satisfecha. Más lógico resulta pensar que la familia real era así porque, de lo contrario, el cuadro hubiese sido destruido y Goya hubiese caído en desgracia, lo que no ocurrió. El artista recoge a los personajes como si de un friso se tratara, en tres grupos para dar mayor movimiento a la obra; así, en el centro se sitúan los monarcas con sus dos hijos menores; en la derecha, el grupo presidido por el príncipe heredero realizado en una gama fría, mientras que en la izquierda los Príncipes de Parma, en una gama caliente. Todas las figuras están envueltas en una especie de niebla dorada que pone en relación la obra con Las Meninas. Lo que más interesa al pintor es captar la personalidad de los retratados, fundamentalmente de la reina, verdadera protagonista de la composición, y la del rey, con su carácter abúlico y ausente. La obra es un documento humano sin parangón. Estilísticamente destaca la pincelada tan suelta empleada por Goya; desde una distancia prudencial parece que ha detallado todas y cada una de las condecoraciones, pero al acercarse se aprecian claramente las manchas. Goya, a diferencia de Velázquez en Las Meninas, ha renunciado a los juegos de perspectiva pero gracias a la luz y al color consigue dar variedad a los volúmenes y ayuda a diferenciar los distintos planos en profundidad. Fue la primera obra de Goya que entró en el Museo del Prado, siendo valorada en 1834 en 80.000 reales.